Francisco Torres












Categoría: Reflexiones en el Bosque

Abr 15 2020

Francisco Torres Romero
Ingeniero Forestal
Jefe plan de restauración de bosque seco
Fundación Natura

*Nota publicada en la página web de la Fundación Natura http://www.natura.org.co/puede-que-el-2020-tenga-menos-deforestacion-pero-mas-incendios-forestales-continuara-la-degradacion-de-los-ecosistemas/

Para 2018 se registró una disminución del 10 por ciento en la pérdida de bosque, con un total de 197.159 hectáreas deforestadas. Aunque de 2019 y lo corrido de 2020 no tenemos datos finales, con los esfuerzos institucionales anunciados esperamos que la tendencia de la deforestación se mantenga a la baja, por el bien del país. Pero para 2020, el tema de los incendios forestales no pinta nada bien. De acuerdo a los últimos datos, en tan solo una cuarta parte de 2020 ya se ha incendiado más del 53% de todas las áreas quemadas a lo largo del 2019.

Semana sostenible, que ha estado cubriendo en detalle este tema, informó que más de 53.000 hectáreas de vegetación se han perdido este año en 2.968 incendios, que se habían registrado en todo el país hasta el 31 de marzo(1). Mientras que para todo el 2019 se registraron más de 7.000 incendios que afectaron cerca de 100.000 hectáreas de bosque.

Una de las principales causas directas de la degradación forestal y la pérdida de biodiversidad en Colombia son los incendios[2]. En contraste a su alto impacto en los ecosistemas en Colombia, estos han sido pobremente estudiados y gestionados.

Los incendios de la cobertura vegetal tienen efectos sobre los componentes: físico, biótico y social, causando deterioro ambiental, degradando y transformando los ecosistemas al afectar su estructura, dinámicas, interrelaciones y procesos; especialmente, cuando los incendios no forman parte del desarrollo evolutivo natural de los ecosistemas[3].

Por otra parte aunque por la pandemia se han disminuido bastante las emisiones, en muchas ciudades como en Bogotá, los incendios forestales no han dejado mejorar la calidad del aire y diferentes regiones del país han tenido que convivir durante meses con altos niveles de contaminación causada por incendios como los de la Amazonía, Cúcuta y Santa Marta, poniendo en riesgo la salud de millones de personas, lo que ha prendido las alarmas debido a la afectación que esto puede ocasionar en las personas que están más expuestas a problemas respiratorios, haciéndolos más susceptibles al coronavirus.

Fallas de coordinación y de competencias

También se ha observado que muchos de los grandes incendios permanecen activos por varios días o semanas, como los registrados en la Sierra Nevada o el de Vichada, que solo después de 14 días los bomberos lograron liquidar[4]. Esto evidencia que en el país no le estamos dando la debida atención a este delicado asunto.

Por una parte tenemos que el 80% de los cuerpos voluntarios de bomberos del país no tienen apoyo de las alcaldías, pese a que Ley 1575 de agosto de 2012, “Ley general de bomberos de Colombia”, le ordena a los mandatarios a garantizar este servicio público esencial. Lo cual está causando que los cuerpos de bomberos no puedan ser tan eficientes como quisieran, debido a que, muchas veces no cuentan con los vehículos de transporte apropiados y cuando los tienen no hay recursos para el combustible. Tampoco cuentan con el personal suficientemente entrenado y con experiencia, los equipos de protección personal y apoyo para atender oportunamente estos eventos, razón por la cual se vuelven un grupo de hombres y mujeres con buena voluntad, que quieren servir, pero sin los recursos técnicos que les brinda la maquinaria, el equipo y los vehículos adecuados[5].

Por otra parte, el país ya cuenta con la Ley 1523 de 2012, “Ley de gestión de riesgo de desastres”, en la que se reconoce los incendios forestales como parte de los fenómenos amenazantes socionaturales derivados y asociados con los agentes meteorológicos extremos.

Si bien, esta ley permitió corregir, en parte, el arreglo institucional para la gestión del riesgo por incendios forestales, también generó fallas de coordinación y definición de competencias, como lo describe el Ingeniero Carlos Torres Becerra ex subdirector del IDIGER[6], según el cual ha causado fragmentación de las políticas públicas en cuanto a lo que se pensó y lo que efectivamente se logró, esto se refleja en la continua ocurrencia de incendios y las dificultades para atenderlos oportunamente. Las acciones muchas veces son aisladas o desconectadas, con bajo impacto territorial y dependientes de la visión centralista, lo que dificulta la rápida toma de decisiones. En muchos municipios no hay quién desarrolle la gestión integral del riesgo de incendios, mientras que en los que cuentan con personal tienen problemas de recursos. También se tienen problemas de información, lo que dificulta más la coordinación, teniendo ineficiencias que generan perdida de capacidades.

Como vemos, si bien el país cuenta con legislación e instituciones responsables para atender los incendios forestales, en este momento debe ser prioridad del Ministerio de Ambiente y las corporaciones autónomas, liderar a todas las partes interesadas, tanto a nivel nacional como regional, para tratar de superar estas fallas de coordinación, asignar los recursos necesarios, mejorar la comunicación y toma de decisiones, vincular, capacitar, entrenar y dotar debidamente un número suficiente de cuadrillas de bomberos distribuidas en todo el territorio, entre otros aspectos, para así avanzar en lograr una gestión eficiente de este riesgo.

Si por un lado nos enfocamos con toda la institucionalidad y recursos, solo a lograr disminuir la deforestación, pero por el otro se aumentan los incendios forestales al final del día, se continuará con la degradación de los ecosistemas y las graves afectaciones a la salud de las personas.

El doloroso panorama registrado en Australia en la temporada reciente de sucesión de inmensos incendios forestales 2019-2020, que quemaron un estimado de más de 10 millones de hectáreas en gran parte del territorio, destruyendo más de 2.500 edificios y quitaron la vida de 26 personas y aproximadamente unos mil millones de animales, nos tiene que servir

como referente de lo que puede ocurrir más adelante con los cambios climáticos que se estiman en aumento de temperaturas y sequias extremas, en una buena parte del territorio nacional.

Similar a lo ocurrido con el coronavirus, ya somos conscientes del alto riesgo que representan los incendios forestales, por lo tanto no debemos esperar a que ocurra la catástrofe para empezar a actuar cuando podemos prevenir y estar preparados para gestionar este riego.


[1] https://sostenibilidad.semana.com/actualidad/articulo/mas-de-53000-hectareas-han-sido-afectadas-por-incendios-en-2020/49708

[2] Armenteras, D., González, T., Meza, M., Ramírez-Delgado, J.P., Cabrera, E., Galindo, G. y Yepes, A. (Eds). (2018). Causas de Degradación Forestal en Colombia: una primera aproximación. Bogotá D.C.: Universidad Nacional de Colombia Sede Bogotá, Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia-IDEAM, Programa ONU-REDD. 105 pág.

[3] Parra, A. y Bernal, F. (2011). Introducción a la Ecología del Fuego. En: Parra Lara, A (Editor), Incendios de la cobertura Vegetal en Colombia. Cali, Colombia: Universidad Autónoma de Occidente. 232 p.

[4] https://sostenibilidad.semana.com/medio-ambiente/articulo/luego-de-14-dias-bomberos-liquidaron-incendio-en-vichada/49662

[5] https://sostenibilidad.semana.com/impacto/articulo/alcaldes-verdugos-de-los-bomberos/49482

[6] Torres, C. (2014). Fallas de coordinación y de definición de competencias que inciden en la gestión del riesgo por incendio forestal en Colombia. Revista de la Procuraduría: Rostros Y Rastros Nº 11: enero – Junio De 2014.

Mar 09 2020

Francisco Torres Romero
Ingeniero Forestal
Jefe plan de restauración de bosque seco
Fundación Natura

*Nota publicada en la página web de la Fundación Natura http://www.natura.org.co/gran-sembraton-de-cinco-millones-de-arboles-se-puede-convertir-en-otra-frustracion-ambiental/

La noticia de una Sembratón de cinco millones de árboles en dos días, faltando menos de dos meses para la fecha programada, genera una serie de dudas técnicas que el Ministerio de ambiente y las autoridades ambientales deben atender.

Con bombos y platillos, el 27 de enero el Minambiente anunció una Sembratón en todo el territorio nacional. En el anuncio, se afirmó que más de cinco millones de árboles serán sembrados entre el próximo 21 y 22 de marzo en una gran jornada nacional. Así mismo, el Presidente de la República, Iván Duque, en el marco del Foro Económico Mundial celebrado en Davos (Suiza), informó a la comunidad internacional sobre la meta de sembrar 180 millones de árboles al 2022, basado en la restauración de más de 300.000 hectáreas de suelo degradado.1 Casi todos queremos que se siembren más árboles, por lo que el anuncio de estas metas para este cuatrienio tiene un buen recibo; incluso con voluntad política y mayores recursos podríamos ser más ambiciosos en estas metas.

Como Ingeniero Forestal dedicado a evaluar y ejecutar proyectos de restauración desde hace más de una década, debo manifestar que estamos de acuerdo con la idea de sembrar millones de árboles como una de las acciones para contrarrestar el cambio climático global. La siembra masiva de árboles, es una de las actividades que deben desarrollar casi necesariamente todos los países en el mundo, incluso en un estudio publicado en 2019 en la revista Science dirigido por el Instituto Federal de Tecnología de Suiza, se estimaba que el planeta podría sostener un aumento de más del 25% en superficie de bosques, manteniendo las áreas urbanas y las dedicadas a producción de alimentos, y que este incremento de los bosques podría llegar a capturar hasta un 25% del carbono presente en la atmósfera, contrarrestando una gran parte del exceso de emisiones a la atmósfera durante los últimos años.2

Pasando de los titulares positivos al análisis de cómo se piensa desarrollar la estrategia para cumplir con estas metas, lo primero a revisar es sí se cuenta con los recursos disponibles oportunamente, pues por ahora se ha informado la posibilidad de recibir 360 millones de dólares de cooperación internacional por Alemania, Noruega y Reino Unido, para ayudar a Colombia a frenar la deforestación de los bosques, el pago por servicios ambientales y la restauración.3

Teniendo aparentemente cubierto el aspecto económico, la atención y las principales preocupaciones pasan al tema técnico. La restauración ecológica y la siembra de árboles se deben hacer de una forma planificada y técnica y no a las carreras por solo tratar de registrar en medios de comunicación una noticia llamativa, por lo que la noticia de una Sembratón de cinco millones de árboles en dos días, faltando menos de dos meses para la fecha programad, genera una serie de dudas técnicas que el Ministerio de Ambiente y las autoridades ambientales deben atender.

Teniendo en cuenta que la mayoría de las corporaciones autónomas hace años acabaron con sus viveros propios y las pocas que los tienen hacen producción del material requerido para cumplir sus proyectos de todo el año, es necesario preguntar: ¿existe en este momento en el país el material vegetal en diversidad de especies, calidad y cantidad, para cumplir con la dicha Sembratón? En el caso de recurrir a los viveros comerciales hay que preguntarse si los 92 viveros forestales debidamente registrados ante el ICA cuentan con disponibilidad en este momento de esta cantidad de material, si se piensa incluir especies comerciales como eucalipto, pino o teca en la Sembratón, si las corporaciones han hecho procesos de compra de material vegetal e insumos transparentes, si se conoce la procedencia, la calidad genética y fitosanitaria de las de las semillas utilizadas para propagar los cinco millones de árboles; y si se hizo una adecuada selección de especies para cada área a intervenir.

Para la siembra adecuada de un árbol, dependiendo del análisis de suelo también debe contemplarse la adición de materia orgánica, fertilizantes y un retenedor de humedad. ¿Se contempla adquirir estos insumos para la Sembratón y en qué cantidades serán aplicadas a cada planta? ¿Cómo será la logística para movilizar adecuadamente los cinco millones de árboles y los insumos requeridos a los sitios de siembra en dos días? ¿Teniendo en cuenta que quieren recuperar áreas degradadas se realizará alguna preparación previa del terreno antes de la siembra? ¿Después de la siembra se contemplan acciones de mantenimiento (riego, tutorado, acolchado, control de enredaderas, control de hormiga arriera, control de ganado), evaluación y seguimiento al material plantado? ¿Tenemos certeza que para las fechas de la Sembratón propuestas tendremos un clima favorable con invierno en la mayoría del país o tendremos regiones con pleno verano? ¿Cuántos profesionales o técnicos forestales orientarán a las personas para hacer técnicamente la actividad? ¿Se tiene coordinada y garantizada la logística para desplazar, dar alimento e hidratación para al menos unas 100.000 personas a los sitios donde se requiere hacer las siembras?.

Como antecedente, con la Fundación Natura realizamos la evaluación del Programa SINA II (2004 -2012) de la cual es necesario recoger algunas de las lecciones aprendidas para este tipo de iniciativas públicas. En la mencionada evaluación se evidenció que en el subcomponente conservación‚ restauración y manejo sostenible de ecosistemas, no se contó con indicadores de línea base que permitiese evaluar el objetivo general que se propuso. Las especies utilizadas en varios de los planes no respondieron claramente a una visión de conservación de la biodiversidad o protección de las zonas de recarga hídrica y esto‚ entre otros factores‚ respondió al hecho de supeditar el proceso a las pocas especies disponibles comercialmente en los viveros locales. No se tuvo un adecuado control de calidad del material vegetal, insumos y las actividades realizadas. En algunos casos se presentaron porcentajes de mortalidad mayores al 80%. No se priorizó el uso de especies amenazadas o en peligro de extinción. Y no fue posible hacer ninguna inferencia sobre la sostenibilidad de las acciones realizadas.

Por lo anterior, desde la Fundación Natura todas las siembras que realizamos, bien sea en terrenos públicos o privados, las asumimos con un compromiso a largo plazo, asegurando la definición de enfoques y objetivos ecológicos, la calidad del material vegetal, la correcta siembra y asumiendo cuidados y mantenimientos debidos de largo plazo. Como ejemplo de estas experiencias que pueden ayudar a orientar a las entidades públicas, tenemos el plan de restauración de bosques seco en el cual estamos propagando 500.000 plantas de 40 especies nativas para sembrar en 3 años, o las siembras anuales realizadas por la carrera verde en los últimos cinco años.

Esperamos que en el poco tiempo que falta para la fecha propuesta, se aclaren y solventen todas estas dudas ya que de no hacer las cosas bien se pueden perder muchos recursos públicos y no cumplir con el objetivo a largo plazo. Las autoridades ambientales, tanto Ministerio de Ambiente, como las corporaciones autónomas, deben ser serias y técnicas para tratar de cumplir con sus metas. De no tenerse claridad sobre estos aspectos para que no se nos conviertan las sembratones en otra frustración ambiental, propongo que se fijen nuevas fechas y cantidades de árboles a sembrar, dependiendo de las condiciones y posibilidades regionales. El fijar una meta imposible de cumplir, de entrada en tan poco tiempo, puede llevar a que desde ahora se malogren todas las buenas intenciones del cuatrienio.

Por su parte las entidades de control como la Contraloría, Procuraduría ambiental, Veedurías, deben hacer estricto seguimiento y control a los recursos públicos invertidos en este tipo de campañas, podrían por ejemplo por empezar por contarnos ¿Cómo están los arboles sembrados en las sembratones anteriores como la de 100.000 plantas en Antioquia o de 10.000 árboles en Bogotá a mediados del año pasado, y si se han hecho algunas evaluaciones cual es el porcentaje de sobrevivencia?.

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[1] https://www.minambiente.gov.co/index.php/noticias/4608-minambiente-anuncio-gran-sembraton-en-todo-el-territorio-nacional

[2] The global tree restoration potential Jean-Francois Bastin et al. Science 05 Jul 2019: Vol. 365, Issue 6448, pp. 76-79 DOI: 10.1126/science.aax0848

[3] https://www.eltiempo.com/vida/medio-ambiente/colombia-recibira-360-millones-de-dolares-para-frenar-la-deforestacion-442608

Dic 09 2019

Nota de presentación, Revista Caldasia, Volumen 41, Número 1, p. iii-iv, 2019 Ir al sitio web.

La generación de nuevo conocimiento científico sobre los ecosistemas es uno de los pilares para avanzar en la comprensión y sostenibilidad de los territorios; la incorporación de esos conocimientos en la toma de decisiones nos puede llevar a ser más asertivos no solo para planear el territorio sino para entender los cambios y las urgentes necesidades de la sociedad. Cada nueva interpretación, dato, modelo, resultado, producto del estado y tendencia de los ecosistemas de Colombia, es sin duda alguna una oportunidad para buscar mejores opciones para asegurar que las contribuciones de la naturaleza al bienestar humano se mantengan, protejan y, sobre todo, se valoren frente a la balanza del desarrollo del país.

El Bosque Seco Tropical (bs-T) es un conjunto de ecosistemas que se caracterizan por permanecer varios meses en el año sometidos a sequía y estrés hídrico, con eventos de lluvias torrenciales y con vegetación, fauna, microorganismos y procesos ecológicos adaptados a estas condiciones de estacionalidad climática. Por su transformación y degradación a nivel mundial, este ecosistema ha sido considerado uno de los más amenazados del mundo. En Colombia el bs-T también se encuentra bastante amenazado principalmente por la ganadería y agricultura extensivas, minería a gran escala y el establecimiento de ciudades y otros asentamientos humanos. De acuerdo con el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt (IAvH) el bs-T es considerado uno de los ecosistemas menos estudiados del país, y con mayor prioridad de conservación. De acuerdo con este panorama el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia ha declarado recientemente al bs-T como un ecosistema estratégico para su estudio y conservación.

La extensión original del bs-T en Colombia era mucho mayor y su área potencial ha sido estimada en aproximadamente 8,8 millones de hectáreas; se considera que en los pocos remanentes que existen en el país subsiste aproximadamente el 8 % de la cobertura original. En el país el bs-T cubría buena parte de los valles geográficos de los ríos Magdalena y Cauca, la costa caribe, los valles de los ríos Dagua y Patía en el suroccidente, y parte del piedemonte y los llanos orientales (Pizano y García 2014). La historia de transformación de este ecosistema en el país se remonta a varios siglos atrás, pues la ocupación humana desde la época de la conquista y la colonia estuvo acompañada de la necesidad de hacer uso de los recursos naturales del bosque seco, entre los que se destacan el suelo y los recursos maderables. Con el tiempo la mayoría del bosque primario ha sido convertido en tierras de cultivo y ganadería.

En Colombia el bosque seco desafortunadamente ha sido mucho más rápidamente transformado que lo que se ha estudiado. Por otra parte, la representación de los bs-T en el sistema nacional de áreas protegidas es muy baja. El bs-T alberga una buena diversidad de especies de fauna y flora, muchas de estas especies consideradas como endémicas. Así mismo, el bs-T presenta funciones ecológicas y servicios ambientales vitales para sustentar las comunidades que los habitan como la regulación hídrica, la retención de suelos, el ciclaje de nutrientes, la provisión de alimentos, leña y madera, y la captura de carbono que regula el clima y la disponibilidad de agua y nutrientes, entre otros. Ante este escenario de gran intervención y transformación, la restauración ecológica y la declaración de nuevas áreas protegidas se convierten en importantes estrategias para la recuperación y conservación de los pocos bs-T del país.

Para la Fundación Natura y el Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia, contribuir al estudio y conocimiento de estos ecosistemas de bs-T es relevante. Desde 2014 a 2018 la Fundación Natura y Enel-Emgesa, como medida de compensación ambiental por la construcción de la Central Hidroeléctrica El Quimbo, han venido trabajando en el desarrollo de un Plan Piloto para el proceso de restauración ecológica a gran escala del bs-T interandino del alto valle del Río Magdalena en el departamento del Huila. Producto de este trabajo la Fundación Natura y el Instituto de Ciencias Naturales acordaron liderar la edición de este número de la Revista Caldasia con el objetivo de contribuir al mayor conocimiento, la conservación, uso y manejo sostenible de los bosques secos tropicales en Colombia, manteniendo plena independencia del equipo de Caldasia para el proceso de evaluación. En este número se presentan contribuciones con información relevante sobre las trayectorias sucesionales de la vegetación con diferentes estados de afectación, procesos de diseño y monitoreo de estrategias de restauración, estado de especies y comunidades vegetales, caracterización de poblaciones de fauna, y descripción de especies nuevas, entre otros temas.

Esperamos que las contribuciones publicadas en este número sean útiles para otros investigadores, comunidades y tomadores de decisiones, así mismo que ellas contribuyan a motivar, orientar y continuar nuevos estudios sobre los bs-T de Colombia. Agradecemos al Comité científico, al Comité editorial de Caldasia, y a los autores y evaluadores de cada uno de los artículos aquí publicados.

LITERATURA CITADA

Pizano C, García H, editores. 2014. El Bosque Seco Tropical en Colombia. Bogotá D.C.: Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt (IAvH).

Clara Ligia Solano

Subdirectora de Investigación y Conservación-Fundación Natura

Francisco Torres

Jefe Plan Piloto de Restauración de Bosque Seco Tropical-Fundación Natura

Sep 04 2019 Noticia publicada en la página de la Fundación Natura Ir al sitio web. El pasado 30 de agosto, en el marco de la jornada de rendición de cuentas del Jardín Botánico de Bogotá, Francisco Torres Romero Ingeniero Forestal y Jefe del proyecto de Restauración ecológica del Bosque seco Tropical de Enel-Emgesa y Fundación Natura, recibió el Reconocimiento Mutis 2019 Gestión ambiental en la Categoría generación de conocimiento y en la subcategoría investigación. En esta misma categoría estuvo nominado Luis Armando Villota, quien también trabaja con la Fundación Natura como asesor del componente de domesticación de especies nativas, del plan de restauración de Bosque Seco Tropical en el Huila. Desde 2014 Enel-Emgesa y Fundación Natura vienen desarrollando el plan de restauración bosque seco tropical más grande del país, en el área de compensación ambiental de la Central Hidroeléctrica El Quimbo, ubicada en el centro del departamento del Huila. En el marco de este proceso, en 2015 se identificó una nueva especie de bromelia denominada Pitcairnia huilensis, de la cual fueron entregadas en julio de 2016 una muestra de plantas al Jardín Botánico de Bogotá para enriquecer buy CBD products colección viva del ecosistema de bosque seco. Debido a que en el jardín botánico se inició la construcción de un nuevo tropicario, se coordinó, con las tres entidades, la realización de una expedición botánica al bosque seco en el departamento del Huila. Ver vídeo: Jardín Botánico de Bogotá recibió nueva especie de bromelia. Esta Expedición Botánica de 5 días, realizada en 2016, se llevó a cabo dentro de las áreas de restauración del municipio El Agrado, Huila. Allí se realizó la colecta de material vegetal característico de este territorio, además de obtener un panorama actual de cómo se encuentra este ecosistema en condicionales naturales, de lo que resultó la colecta de 130 especies vegetales, a lo que se sumó la donación de 209 individuos vegetales de diferentes especies, por parte de Fundación Natura. Ver vídeo: Jardín Botánico de Bogotá llega a El Quimbo para recrear el Bosque Seco Tropical. En Octubre de 2017, producto de la alianza, se donaron 189 individuos más, de 50 especies características de Bosque Seco, en bolsa arrobera, con tallas entre 1,2 y 2,5 metros de altura, germinados, trasplantados y mantenidos en el vivero operado por Fundación Natura en el municipio del Agrado Huila, para el tropicario. Dentro de los individuos donados se resaltan especies en las siguientes categorías, según el catálogo de plantas de Colombia: Peligro Crítico: Bromelia (Pitcairnia huilensis); En Peligro: Cedro rosado (Cedrela odorata) y Casi Amenazada: Algarrobo (Hymenaea courbaril). Lo anterior, no solo es relevante para la representación de este ecosistema, sino que además permitirá generar estrategias de conservación ex situ en torno a estas especies vegetales dentro de las colecciones vivas del Jardín. El ecosistema más amenazado del país El Bosque Seco Tropical es uno de los ecosistemas más amenazados e importantes del país, tiene cerca de 2.600 especies de plantas en las que se incluyen 83 endémicas, además de 230 aves y 60 especies de mamíferos. Brinda varios servicios ecosistémicos como: la regulación hídrica, retención de suelos y la captura de carbono. Este ecosistema se encuentra en zonas con suelos fértiles, siendo altamente intervenido para producción agrícola, ganadera y extracción minera, desarrollo urbano y turismo. Además, sólo el 5% de este se encuentra bajo alguna figura de protección, razón por la cual es de vital importancia restaurarlo y conservarlo.
Oct 30 2018

* Resumen presentado en el IV Congreso Colombiano de Restauración Ecológica, Florencia, Caquetá 30 de julio a 3 de agosto de 2018

Torres, Francisco 1; Avella, Andres 2

1 Fundación Natura; ftorres@natura.org.co , 2 Instituto Alexander von Humboldt

En el marco la evaluación del Programa de Apoyo al Sistema Nacional Ambiental – SINA II (2004 -2012) se realizó el análisis del Subcomponente Conservación‚ Restauración y Manejo Sostenible de Ecosistemas Forestales en Cuencas Hidrográficas. El programa se propuso como metas intervenir 20.000 ha mediante el uso de diferentes Herramientas de Manejo del Paisaje y elaborar por lo menos 50 convenios con las CAR como entidades subejecutoras.

Los resultados muestran que se intervinieron 20.472 ha (incluidas las hectáreas de aislamiento de bosque natural) en 48 convenios y en 294 municipios de 16 departamentos‚ observando un alto nivel de dispersión de las actividades. En la mayoría de los casos‚ los proyectos ejecutados no tuvieron articulación explícita con los planes de ordenamiento territorial municipales‚ sólo un 1% de ellos mencionaron a los POMCA como referencia‚ un 56% se articularon con los Planes de Acción Trienal de las corporaciones.

El Programa SINA II no contó con indicadores de línea base que permitiese evaluar el objetivo general que se propuso. Las especies utilizadas en varios de los planes no respondieron claramente a una visión de conservación de la biodiversidad o protección de las zonas de recarga hídrica y esto‚ entre otros factores‚ respondió al hecho de supeditar el proceso a las especies disponibles comercialmente en los viveros locales.

No se priorizó el uso de especies amenazadas o en peligro de extinción. No fue posible hacer ninguna inferencia sobre la sostenibilidad de las acciones realizadas‚ lo que constituye una de las principales falencias del subcomponente. Descargar.